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NI BORRÓN NI
CUENTA NUEVA
Una mirada sobre la LIJ Argentina relacionada con la dictadura.
Autor: MARIANO MEDINA (CEDILIJ)
Año: 2003
“Soy
un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borrare
jugando”.
Laura Devetach, Monigote en la arena.
“Mi Señor, tu poder no se basa en tu fuerza sino en la ignorancia que el pueblo tiene
de la suya.”
Libre
Teatro Libre, "Contratanto
[i]
Hace unos días me contaron que se incendio
la biblioteca de Bush. Los daños fueron totales: ninguno de los dos
libros que había en ella se salvaron. Aparentemente, el mandatario quedó
muy afligido, porque a uno no lo habíaterminado de colorear. Este chiste,
me dicen, circulaba en Estados Unidos en abril del corriente año 2003,
días antes de que se bombardeara Bagdad, ciudad que conservaba manuscritos
medioevales, y tablillas de arcilla con mensajes construidos con la
primera forma de escritura del hombre.Es increíble la elección de elementos
que realiza el humor para concretar sus giros. Duele sostener esa lucidez
que denuncia a la vez que devela y exalta.¿Qué podemos esperar nosotros,
latinoamericanos, si no se respeta ni el legado de las primeras urbes
del planeta?. Entonces, vamos con la risa y la memoria. “¿Por qué se
ríe la sandía cuando la están asesinando?”, preguntaba Neruda
[ii] , aunque la interrogación ya encierra, en el misterio
de su respuesta, una metáfora. Supone una contestación a la altura de
las circunstancias. El humor: ese estallido que nos da crédito para
sobrevivir. La literatura infantil ha sido también víctima de los atropellos,
aunque en una escala insignificante si se piensa en la Biblioteca de
Bagdad. En Argentina, mutilada por casi una década, aprovechó la reapertura
democrática de 1983, para tomar un impulso que no había tenido antes.
Pero no surgió por obra y gracia de ningún escrutinio. Los escritores
no crecieron como honguitos tras una lluvia de votos: estaban siendo.
Existía una actividad previa. Y existía una preocupación sostenida mundial
para que la literatura infantil tomara su lugar como Literatura.Esa
conciencia generó la investigación y escritura de una decena de libros
con “panoramas históricos” en Latinoamérica, que gracias a las instituciones
especificas, eran más fáciles de conseguir que las obras mismas, de
escasa o nula circulación entre nuestros países. Así, la letra de molde
describió un circuito y legitimó gestores, constituyéndose en una especie
de “historia oficial”. Quiero dejar bien claro que la gran mayoría de
los que conozco son serios y valiosos para leer nuestro campo y su diversidad.
Bajo ningún punto de vista responden a demandas oficialistas, ni pienso
que fuera la intención de sus autores censurar o velar. Pero inevitablemente,
como dice Ursula Le Guin, al encender una vela, uno también crea una
sombra. [iii] Los panoramas en cuestión, generalmente no incluyen
ciertas prácticas culturales alternativas, absolutamente relacionadas
con la época y la tecnología; como son los casos que veremos a continuación.
Practicas de las que hay escasos registros o ninguno, y que también
permitieron que la literatura infantil creciera y se despegara del discurso
escolarizado. Específicamente me detendré en algunas experiencias realizadas
en Córdoba, segunda ciudad del país; enmarcadas por dos de las dictaduras
militares que gobernaron Argentina: una entre 1966 y 1973 y otra, la
más sangrienta, entre 1976 y 1983, que enviaba camiones a sacar ejemplares
de las librerías y quemarlos. En esta porción de la red que me toca
entramar, y desde comienzos de los 60, resalta como figura paradigmática
Laura Devetach [iv]
. Haré la salvedad de que seguramente, desconozco experiencias
que enriquecerían este panorama. Y entre las que conozco, privilegio
algunas que considero más pertinentes a lo que intento remarcar. Intuyo
además, que procesos similares han de haber ocurrido en otros países
hermanos, tan victimados como el mío por las “doctrinas de seguridad
nacional” que desparramó Estados Unidos tras la herida vietnamita. Cabe
recordar que en nuestro caso, la última dictadura intentó instaurar
silencio intelectual y generar pobreza lingüística manteniendo el ¨deber
ser¨ de los textos escolares como forma de represión
[v] . Cuenta en su Curriculum más de 30.000 asesinatos, unos
700 niños robados, miles de exiliados e insiliados [vi] ; y los responsables hoy toman
mate en la casa vecina, impunes. En la evolución de las historias y
la diversidad de temas y lenguajes que fueron experimentados en los
60 y los 70, están muchas de las raíces de los hallazgos concretados
en lo que se llamó “Boom de la Literatura Infantil Argentina”, sucedido
en los ´80 tras la reapertura de la democracia. Para ayudar a dimensionar
tal fenómeno, creo que un dato será suficiente: desde entonces, “una
venta considerada escasa para un libro infantil deja bien satisfecho
a un escritor para adultos” […] “los autores que escriben para niños
son muchas veces más profesionales que los escritores para adultos,
en el sentido de vivir -o intentar vivir- de sus libros, de hacer valer
sus derechos de autor, de ser cuidadosos en la firma de sus contratos,
de estar agrupados en asociaciones, de tener sus revistas especializadas”
[vii] . Sobre algunos puntos que voy a señalar, no
importa quien llegó primero. Me interesa, si, la marcación de un mapa
sobre el que todavía podemos apuntar hallazgos. Sería enriquecedor saber
quienes compartieron en otros lugares y la misma época, ideas e intuiciones
comunes. Ojalá contribuya a una historia de nuestra literatura infantil
más completa y más justa.Empecemos por la autora anunciada, Laura Devetach,
y el caso paradigmático de su libro ¨La Torre de Cubos¨. Archisabido
es que, junto a “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann
[viii] fue uno de los libros que prohibió la dictadura,
por “graves falencias tales como simbología confusa”, “objetivos no
adecuados al hecho estético” e “ilimitada fantasía”. [ix] Hoy podemos considerarlo, junto
al “Monigote en la Arena” premiado por Casa de las Américas [x] en su primer convocatoria de literatura infantil
(1975), clásicos de la LIJ latinoamericana. Se ha señalado que La Torre
“inauguró un nuevo lenguaje en el cuento para niños” y una temática
que anunciaba “un compromiso consigo misma y con el lector” [xi] , una “voz literaria
original particularmente próxima a la cotidianeidad estrictamente infantil" [xii] . Pero no quiero volver sobre
estos datos, que ya son conocidos, sino señalar que en los Panoramas
Históricos ¨La Torre de Cubos¨ suele figurar como de 1973, fecha que
corresponde a su impresión capitalina. [xiii] , cuando el libro había sido editado en Córdoba
en 1966 [xiv] . Dos años antes
había sido premiado por el Fondo Nacional de las Artes. En forma independiente,
los cuentos que integran ese volumen, no sólo habían sido escritos entre
finales de los 50 y principios de los 60, y galardonados en varios concursos,
sino que circulaban en copias por varios establecimientos de la Escuela
Nueva. O sea: tenían una vida pública amplia y cotidiana. La distancia
entre 1960 y 1973 hoy puede parecernos irrisoria, pero no lo es si comparamos
los discursos utilizados en la mayoría de los libros para niños anteriores
a los 60. Ubicar fuera de periodo ciertas obras, nos impide dimensionar
correctamente la magnitud de su propuesta. Esta “historia oficial” pone,
por ejemplo, a Devetach, más dentro de la consolidación de la LIJ Argentina
de los 80, que en su misma gestación. Varios informes existentes afirman
que nuestra literatura infantil adquiere características especiales
tras la apertura democrática. Entre ellos, en el elaborado por Maria
Ruth Pardo Belgrano y Graciela Rosa Gallelli se lee: “La democratización
tiende a eliminar las actitudes autoritarias, opresoras y represivas.
Se insiste en el respeto de los derechos humanos, el destierro de la
violencia, el intercambio armónico y comprensivo mas allá de las diferencias
ideológicas. Una sociedad dispuesta a rectificar el camino necesita
la creación de nuevas relaciones, más participativas y dinámicas, y
hombres y mujeres sin miedos, con juicio crítico e imaginación creadora.
[…] La libertad de expresión y la ampliación de los espacios culturales
pone de manifiesto, en el campo de la literatura infantil, distintas
concepciones sobre la sociedad, la educación y, especialmente, sobre
el niño y su papel en el mundo actual. También se evidencia el interés
creciente de autores y editores […] por el lector niño o adolescente.
[xv]
Qué curioso: las características centrales que expresa el párrafo que
cito, son similares a las que promovían el pensamiento y la acción en
los 60. Pero no hay mención alguna en el texto, como si desconociera
tal relación. En los 60 incluso, se iba más lejos: Como me relata Perla
Suez [xvi] , existía el deseo y la posibilidad cierta de
un Hombre Nuevo, en el ejemplo del Che: “El Hombre Nuevo debía ser creativo.
Había que prepararse, capacitarse constantemente. Había que ser creativo
para demostrar que todos podíamos ser creativos” [xvii] . También habría que cuestionar eso del “creciente
interés editorial” como nuevo: Susana Itzcovich, promotora de la crítica
de literatura infantil, expresa en una crónica con motivo de la Feria
del Libro de Buenos Aires de 1976, su sorpresa ante la producción específica
de libros para niños. Y la especialista cubana Alga Marina Elizagaray,
antes que sufriéramos la Guerra de Malvinas [xviii] , ya hablaba de un auge de
LIJ argentina, asegurando: “estamos ante un hecho insólito dentro de
la pobre tradición latinoamericana de libros para niños”
[xix] .Lo que sí es notable en dicho Boom, es la diversificación
de temas y formas que se extendió hasta comienzos de los 90. La literatura
infantil también tuvo entonces un lugar
en la Universidad Nacional de Córdoba, aunque no legitimada como materia.
Maria Luisa Cresta de Leguizamón, a cargo de la Cátedra de Literatura
Hispanoamericana desde l956, fue convirtiendo a la misma en una vía
de relación y estimulo hacia este campo. Realizó diversos cursos y promovió
desde la Secretaria de Extensión Universitaria una serie de Seminarios-Taller
de Literatura Infanto-Juvenil entre 1969 y 1972. Se ha reconocido a
estos seminarios como hitos en la Historia de la Literatura Infantil
argentina. María Adelia Díaz Rönner [xx] , dando señales
de la historia de la crítica de literatura infantil, explicó: "Hacia
mediados de los 60 la literatura infantil todavía estaba vulnerable,
sin posibilidades de responder con rigor, autogestándose, trazando sus
fronteras y poblando su territorio genérico. Aun no se habían producido
los cruces disciplinarios, no se percibía la solidez de un aparato cultural
y literario infantil deliberado, desautonomizado de la gran cultura
[…]; los discursos literarios destinados a los niños exudaban todavía
un tufillo protector, autoritario, pacato y colonizante”. Los seminarios
de Córdoba "permitían inéditas articulaciones productivas
gracias a un movimiento interesante de lecturas teóricas que abrieron
concepciones francamente subvertidoras para el territorio de la literatura
infantil. (...) "Hasta entonces, la crítica se forjaba a partir
del criterio diacrónico, más bien descriptivo, por el cual se indicaban
los vacíos contenidistas en las estructuras textuales, los clisés y
las cristalizaciones del lenguaje devenidas el arquetipo de "lo
infantil" (...).Fue "una importante época de aprendizaje inmersa
en la práctica lectora y en la invención literaria a través de talleres,
las interrogaciones respecto a una retórica más convincente sobre la
lengua operativa, el esbozo de una poética y de una estética fueron
algunas constantes problematizaciones surgidas hasta 1976 en que se
produce el gran hiato democrático del país”
[xxi] En estos Seminarios, Laura Devetach tiene una participación
destacada, según recuerdan los asistentes y puede verificarse en las
ponencias rescatadas en el libro “Oficio de Palabrera”
[xxii] . Decía antes que una falencia de los panoramas,
es que generalmente no incluyen las prácticas culturales alternativas
que permitieron que la literatura infantil se despegara del discurso
escolarizado. Quiero referirme con esto, a que no es exclusivamente
a través de la obra escrita y pensada para libro, que se hizo esta historia.
Sobretodo porque hablamos de un período efervescente, de inquietudes
amplias, done el trabajo interdisciplinario era esencial en la preparación
de un mundo nuevo y posible. Quienes trabajaban en la cultura, tenían
la certeza de que, si no con todos, con la mayoría de los hombres es
posible trabajar juntos a pesar de las diferencias. Aprender a estar
de acuerdo. Echar una mirada sobre los temas-ejes de los mencionados
Seminarios, afirmará la importancia que tenían la interdisciplina y
muy especialmente los medios de comunicación, que en plena expansión,
daban la sensación de estar ya viviendo en el futuro: la relación de
la LIJ con la familia y la sociedad, con la psicología, el cine, la
radio, la televisión, las revistas, las historietas, el teatro, los
títeres y la música. La creación no era sólo el producto de los
deseos personales y de un oficio, sino el campo de experimentación y
de respuesta a interrogantes estéticos y sociales inmediatos. Se defendía
el derecho a la palabra distinta.Antes del 76, la joven Laura Devetach
ya había incursionado en todos los niveles educativos y en medios tan
distintos como la escuela rural y la universidad. Y había trabajado
en teatro, en radio y en televisión con notable éxito. Su labor, enredada
por azar o planificación a la de los demás –niños incluidos-, nos permite
ver una increíble telaraña de invisible fortaleza, generada para la
misma época que Maria Elena Walsh hacía lo suyo desde Buenos Aires.
Las obras de ambas, con distinta vertiente pero coincidentes en el concepto
de libertad al que aspiran y el respeto por el niño como destinatario-protagonista,
alimentan los programas radiales y televisivos de Gigliola Zecchin,
joven conductora y cantante más conocida como Canela
[xxiii] . Canela ingresa azarosamente a los medios, cuando
la Universidad inaugura su canal televisivo y las locutoras profesionales,
ya maduras, no se deciden a reunir voz con rostro. No era común todavía
tener un televisor en el hogar. Con sentido común e inteligencia, Canela
consigue en muy poco tiempo cautivar a la platea infantil, haciendo
un programa ágil a la vez que rico en alternativas y propuestas: “Hola
Canela”, que se emitirá entre 1963 y 1966, llegando a tener frecuencia
diaria [xxiv] .
En los programas alternaba canciones con bloques informativos, juegos
y concursos para realizar actividades comunitarias, artísticas y de
vida en la naturaleza. Bibliografía para su trabajo eran los artículos
que un desconocido Gianni Rodari, publicaba en “Il correo di raggazi”,
revista que se le enviaba desde Italia. Una o dos veces a la semana,
el tema era la narración y representación de cuentos. Paralelamente,
en la radio, realiza el programa “Historias de Canela” [xxv] . En sus dos últimos años, los
libretos y canciones son escritos especialmente por Laura Devetach.
[xxvi] . De este período es, por ejemplo,
“El ratón que quería comerse la luna”, que editado recientemente, es
uno de los libros más vendidos de la colección a la que pertenece [xxvii] . Canela dice, ejerciendo memoria: “Yo admiraba
en Laura la capacidad de traspasar todos los clisés y meterse en la
esencia de las cosas. Eso estaba en sus guiones, que trataban el racismo,
la desigualdad, el desamor, ¡los grandes temas! A través de historias
leves, que parecen como transparentes …”. En 1972 y 1973, Devetach encararía
su propio proyecto televisivo, “Pipirrulines” [xxviii] “Pipirrulines”
eran “estos que parecen dedos”. Que si los ponemos de cierta manera
(entrelazándolos de diversas maneras frente a los ojos) nos permiten...
¨ver¨... A través de estos “Pipirrulines”, actores y títeres entraban
a escena y se maquillaba frente a la cámara. Esta manera de entrar en
la ficción, obedecía a la idea de reconocer las posibilidades imaginativas
sin desprenderse del entorno cotidiano, leiv motiv de algunas de sus
obras más representativas: La Torre de Cubos, Picaflores de cola roja,
Bichoscopio [xxix]
, El Brujo de los tubitos… Todo haciendo uso de una poesía
y un humor vestidos de juegos verbales, pero no de disparate.En Córdoba
fue el primer trabajo de títeres sin retablos. Acompañaban al perro
Martinsul: un Oso que a veces era panadero y a veces periodista, y satirizaba
con su “Reporter Osso” al reporte emitido por la empresa ESSO; un chanchito
tan cumplidor que se llamaba “Lunes”, como el primer día de la semana…
Las historias sucedían en ámbitos cotidianos, como aquella en que el
Mufadrilo, un yacaré rezongón, se ofreció en la escuela como material
didáctico. En 1972, Devetach ya estaba considerada como una de las más
importantes creadoras en materia de espectáculos infantiles del medio.
Su grupo reconocía en esa época dirigirse a los sentimientos y potencialidades
del niño, para ayudarlo a “descubrirse a sí mismo, y a la realidad que
lo circunda, para que en ejercicio de su libertad tienda necesariamente
a un profundo cambio del mundo que el adulto le ha impuesto hasta el
presente. Para ello desechamos la magia, el suspenso gratuito y asustante,
la incitación a participar forzadamente con intención efectista, la
fantasía represora, evasiva y condicionante, lo payasesco, lo ñoño,
y todo aquello que atente contra su libertad”. [xxx] Devetach era determinante:
“A los grandes, generalmente llamados adultos, les recordamos que el
gusto y las aficiones de los chicos parecen responder con bastante exactitud
al clima general de tensión en que se vive, y que “lobos feroces”,
“hadas buenas” y “brujas horripilantes” son figuras caducas. [xxxi] Comenzada la dictadura, en 1977, un nuevo programa
televisivo para niños, con similar espíritu, sale al aire, con libretos
y actuación de los titiriteros Carlos Martínez y Silvina Reinaudi [xxxii] . “Asomadaos
y escondidos” se convertirá en una bisagra histórica, una pulseada entre
lo que era y no era posible decir. Reinaudi había trabajado en la confección
de muñecos para Pipirrulines, y reflexiona: “ había una relación muy
democrática entre los adultos que eran los actores y los muñecos. Yo
veo que después, de alguna manera, yo repito eso como autora”. Su programa
proponía, como recurso, la convivencia y el diálogo entre el títere
y su titiritero, ambos personajes, que entonces toda una novedad. Se
trataba también de una serie de ficción con capítulos unitarios, cuyos
personajes a su vez, representaban historias. Uno de ellos fue el Perrito
Rito, personaje de los más representativos de la titiretería argentina.
[xxxiii]
que sigue vigente en estos días, apareciendo indistintamente en la televisión
y los escenarios. Tres libros para niños lo cuentan como protagonista,
y dos muñecos anteriores del personaje forman parte del patrimonios
del Centro de Documentación “La Nube” y el El Museo del Títere dirigido
por Sara Bianchi. Rito es un rebelde cascarrabias, que debatía con Gusanito,
y se resistía a cumplir, entre otras reglas, las dispuestas por Circunspecto
Almidón, un obsesivo director de escuela. Otro personaje de importancia
era La Pulga extranjera, que hablaba “Ploquiti pliquiti, ploquiti pluquiti!”.
El equipo grababa siempre bajo la mirada atenta de una persona del estudio
sin rol específico, que una vez les increpó: “Ustedes son medio subversivos...
como Quino”. Por qué, le preguntaron. “Porque el tipo que dice que el
mejor auto para un ser humano es un Citröen, es un subversivo”. Y luego
armaba una discusión: él planteaba que la pulga era alemana, y Carlos
Martínez que era rusa. “!Era una cosa totalmente loca! – recuerda Reinaudi,
estremecida- El tipo estaba encantado con nosotros, con los títeres,
pero aparte era oficial de inteligencia. Evidentemente nos estaba perdonando
la vida”.Tampoco en esta propuesta había participación de niños. La
postura tomada al respecto era clara: “A mí me resulta feo –dice Reinaudi-
ver niños en un espectáculo, haciendo de ellos mismos. Y los adultos
haciendo de niños, me resulta peor. En general, son programas donde
se los manipula. En “Asomados y Escondidos” nuestro mensaje era clarísimo:
no vamos a mostrar sus cartas, no los vamos a nombrar, no hay premios,
no van a figurar. Pero si quieren, escríbannos, porque queremos saber
quienes son”. Y la correspondencia fue tal, que Rito tuvo que buscar
una secretaria para contestarlas. Estos tres programas fueron respetuosos
del televidente, tuviera la edad que tuviera. Consideraron un receptor-protagonista
sin menospreciar ni su intelecto ni su sensibilidad, sin incitar a una
participación compulsiva ni interesada. Y además, fueron originales
y exitosos. ¿Porque entonces, se levantaron de la programación?. La
pregunta es necesaria. Y las respuestas son distintas para caso. Canela
se casa con una persona que vive en Capital Federal, a donde se traslada.
“Pipirrulines” sale sin publicidad interna, motivado por un Canal que
más tarde cambiaría de política y exigiría que incluyan, dentro mismo
de sus bloques, promoción de productos, hecho al que se niegan. Ya las
calles de Córdoba estaban atestándose de vendedores ambulantes, mano
de obra barata que canalizaba la compra compulsiva de juguetes “totalmente
televisados”, según rezaba el pregón de alguno. Del programa, justamente,
había salido un personaje que daba una poética respuesta al mercantilismo
creciente: El Palolisero, que a diferencia de los otros vendedores,
ofrecía palos lisos, juguetes sin botones que podía fabricar él mismo.El
caso de “Asomados y escondidos” es distinto. Al celebrarse el Mundial
de Fútbol 1978, y el Estado impulsó campañas destinadas a preparar el
país para la visita masiva de extranjeros. Al programa llegó la orden
de incorporar escenas tendientes a promover el buen comportamiento y
la buena imagen. Los titiriteros acataron estas ordenes en solfa. “Pinte
bien las paredes, tenga bien el frente de su casa para que cuando vengan
los extranjeros digan que somos limpios”, clamaban los muñecos mientras
llenaban el frente de sus casas de grafittis. Y una de las consignas
impuesta no tubo responduesta de ningún modo: la de denunciar a los
“raros”.La tensión fue creciendo hasta que fue levantado de programación.
[xxxiv] De ninguno de estos programas quedaron
registros fílmicos. Ya viviendo en Buenos Aires y apenas terminada la
dictadura, “cuando estaba todo muy fresquito”, según sus propias palabras,
Reinaudi escribe la obra “El Dueño del Cuento”
[xxxv] . En ella los personajes, ante una injusticia –un
rey que prohíbe la música-, intentan hacer entrar en razón al soberano
, luego negociar, luego presionar, y nunca son oídos. Finalmente aparece
en escena una bomba, simbolizada en un globo, y el rey se va. Los personajes
festejan pero se preguntan: ¿Se habrá ido para siempre? ¿Y si vuelve?
El posibilidad, amarga, queda latente.Quisiera abordar por el ultimo,
algo que considero ligado a esta concepción de un mundo donde no hubiera
excluidos ni marginados, donde se oyera la voz de todos. Me refiero
a la escritura de los niños, destinatarios de la literatura de la que
nos ocupamos. Tema discutido si los hay. Sobre todo pensando que una
de las precursoras de la Escuela Nueva en la Argentina, Fryda Schultz,
realista o despectivamente -según se mire-, sostenía: “La literatura
infantil no puede ser jamás la que realizan los niños, oscuro disparadero
o muestra de habilidades graciosas que sólo suele pasmar a sus progenitores”.
[xxxvi] Las razones por las que un
niño escribe pueden ser muy diversas. Sus habilidades para plasmar un
pensamiento, también. La polémica se establece necesariamente cuando
su producción es motivada por un trabajo sistemático, por ejemplo, de
taller. Donde además de recibir herramientas de expresión, el niño va
construyendo una conciencia de enunciante.No es mi intención establecer
la polémica aquí, sino simplemente plantear que también hubo cierta
movilización al respecto, y que esa movilización tuvo sus frutos. A
principios de los 60, trabajando en el Instituto Córdoba, Devetach desarrolló
un método de trabajo de Lengua que proponía, además de lectura e investigación,
escritura expresiva libre de presiones evaluativas. La respuesta fue
tan buena que se editaron dos antologias. [xxxvii] .“Los niños saben más de
lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas
cosas escribirían”. Con estas conocidas palabras de José Martí, Devetach
inicia un prólogo memorable que bien merecería una lectura completa.
Pero voy a citar solo unos párrafos que enmarcan la ideología de la
labor: “La primera finalidad que perseguimos es dar al niño y al adolescente
el lugar que se merece en la sociedad. Retribuirle un poco sus derechos
y combatir dentro de lo posible la alineación en que los sumerge el
medio: la de vivir en función de ser mayores, de no gozar plenamente
sus estados actuales por considerar que no son momentos de sus vidas
tan valederos como los serán los de la madurez” […] “Enseñamos al adolescente
a no mentirse a sí mismo, que es la mejor manera de no mentir a los
demás. Les enseñamos a mantener su individualidad pero en estrecha relación
con la vida de todos; tratamos de obtener la difícil armonía de muchas
libertades responsables que están trabajando en su propia construcción”.
[xxxviii] Estos textos impactan al músico-actor Jorge Lujan
[xxxix] , quien musicaliza muchos,
y no duda en afirmar que su frescura e imprevisibilidad marcaron su
vida. Reflexionando sobre esta labor, dirá en el 2002: “Pienso que al
cantar juntos un poema, se suele producir una experiencia comunitaria
en la que tendemos a identificarnos con los que nos rodean, a desear
lo mismo, a sentir casi lo mismo; una experiencia opuesta, y en
cierto sentido complementaria, a la del encuentro solitario del lector
con el poema, que implica una vivencia individual e irrepetible”. [xl] Lujan formaba entonces parte
del grupo “Los Saltimbanquis”, que también integró Perla Suez. Ambos
son hoy escritores del campo de la literatura infantil y juvenil reconocidos
internacionalmente. [xli] El grupo trabajó entre 1969
y 1973, hasta mutarse en “La Chispa”, grupo clave del teatro político
local, destinado al público adulto. Su actividad quedó fuera de los
panoramas históricos del teatro, tal vez porque no puede rastrearse
en los diarios: Actuaban de forma gratuita en barrios populares y pueblos,
como una manera de aportar al proceso social que vivían. Quienes los
rescatan, lo hacen desde la memoria, como sucede con los programas a
los que nos referimos antes.La obra que desarrollaban, “Pirlimpimpín
y el tamborista”, estaba estructurada alrededor de estas canciones compuestas
con textos de los niños del Instituto Córdoba, algunas de las cuales
después llegarían al disco, en México. Hay situaciones semejantes en
las obras, que en la época se convierten en lugares comunes: fundamentalmente
el enfrentamiento con un poder dominador injusto y violento. Al igual
que en “El dueño del cuento” escrito finalizada la dictadura, el eje
de las aventuras de Pirlimpimpin era la prohibición de un rey de ejecutar
música. Pero el final echaba mano de un recurso mágico: los participantes
abrían y cerraban los puños diciendo ¡Plin...! ¡Plin...! y brotaba la
música que había sido encarcelada. “Esto ocurría casi siempre al atardecer,
en los lugares inhóspitos y muchas veces sin luz eléctrica donde actuábamos,
lo que contribuía a darle un toque de irrealidad”, recuerda Lujan. Los
errores o aciertos literarios de este texto permanecerán sin develar,
porque son parte del inmenso patrimonio que no se conservó en ningún
formato. Bajo el reinado de la poesía, y considerando a la escritura
como un inigualable canal de autoafirmación, Lujan se especializaría
más tarde en talleres de escritura, trabajando en México con muchos
hijos de exiliados. [xlii] Hoy me atrevo a decir
que lo más importante de la literatura de esos días no fue contenida
en los libros, sino que atravesó estos espacios alternativos a los que
me referí. Devetach por ejemplo, sólo para citar el caso paradigmático,
escribió al menos 120 libretos televisivos, 30 radiales y 4 obras de
teatro. De esas historias, apenas una decena se ha convertido en libros.
Y dejamos fuera de esta crónica, a muchos otros escritores de valía
que compartieron época.Siguiendo a María Adelia Díaz Rönner, podríamos
decir, que estas obras fueron creadas bajo una actitud crítica, deseando
ser, en cuanto objetos literarios para niños “nuevas adquisiciones disciplinarias
que le permiten, a su turno, otear y vislumbrar el hallazgo de variados
sentidos posibles, hasta detenerse en una de las opciones, la
plural, la multiproductiva, que deja abiertas otras tretas de las palabras
y de sus sonidos”. [xliii] Esta actitud – también siguiendo a Rönner-
“hizo lugar a modos de leer inter y transdisciplinarios entendiendo
al niño como sujeto de producción histórico y social y obrero de sus
propios símbolos”. Cuando miro hacia atrás, me cuesta creer la cantidad
de cosas que hacían los jóvenes de los 60 y 70. Pareciera que en Argentina,
hasta marzo de 1976, los días hubieran tenido más de 24 horas.No puedo
esconder el respeto que eso me produce. Y tal vez por eso reúno estas
imágenes, trato de rescatar las hojas de estas literaturas que se extraviaron
o no fueron escritas para el papel impreso. Sabiendo sin embargo, que
cumplieron su cometido: acompañar, proponer, despertar, resistir.Reúno
para mirar. No por quedarme ni volver, sino porque a veces mirar atrás,
ayuda a mirar para adelante. Tal vez buscando puntas, cabos sueltos.En
los 60 se pensaba que había que cambiar las cosas, porque como estaban,
no estaban bien. Y se sentía que ese cambio era posible, y que había
que ser promotores y protagonistas del mismo. Se tomó a la realidad
en un abrazo sin límites, y se la reinventó. Hoy también pensamos que
hay que cambiar las cosas. Pero no estamos tan seguros de que el cambio
sea posible. Intuyo que la sandía renace, porque puede ver, en medio
del crimen, la intensidad de la vida. La lucidez de su propia risa.
Mariano Medina
REFERENCIAS
[i] Parábola final de la obra, estrenada en Córdoba el Día del Maestro
de 1972.
[ii] Del “Libro de las preguntas”.
[iii] La Costa más lejana. Ed. Minotauro.
[iv] Nacida en Reconquista,
Santa Fe, en 1936, Devetach se traslada a Córdoba para estudiar en la
universidad. Tras la dictadura, ya en Buenos Aires, dirigiría colecciones
de libros para niños de la Editorial Colihue, tarea que desempeñó hasta
1996. Como autora fue incluida en la Lista de Honor del Premio Andersen
(IBBY, 1977) Entre sus numerosas distinciones esta el Premio Trayectoria
otorgado por ALIJA.(Argentina, 1992) y el Premio Octogonal otorgado
por el Centro International d´Etudes en Literatura de Jeunesse (Francia,
1995).
[v] Para la 29º Feria del libro de Buenos
Aires, el Museo de las Escuelas de la Universidad de Lujan, preparó
la muestra “ Talones juntos y puntas separadas: una historia de la enseñanza
de la lectura”, donde se informaba que durante la dictadura, en el primer
grado del nivel primario (niños de 6 años de edad), sólo estaba permitido
enseñar trece letras. Sumado al miedo reinante y la autocensura, esto
habría provocado inconvenientes a los autores para escribir textos y
a los niños para interpretarlos. El Poder Ejecutivo Nacional edito en
1980 un libro en ingles, llamado “Terrorism in Argentina”, en el que
se lee (pag. 398): “Escuelas pre-escolares y primarias: Operaciones
subversivas fueron llevadas a cabo por maestros que, por la edad de
su alumnos, fácilmente influenciaron su sensibilidad mental... utilizando
charlas informales, lecturas de cuentos prejuiciosos y libros publicados
a tal efecto. Utilizando literatura infantil, el terrorismo trato de
dar el tipo de mensaje que estimulara y creara el espacio para la autoeducacion,
basada en libertad y búsqueda de alternativas”.
[vi] Insilio: término acuñado
por los escritores cordobeses a principios del 80, para referirse a
los que en vez de huir al exterior, se refugiaron en localidades aisladas
del interior del país, o por el contrario, en grandes ciudades, donde
no eran conocidos. Buenos Aires, por ejemplo, fue un opción de insilio.
[vii] Cabal, Graciela. Oficio peligroso. 6º Congreso Internacional de LIJ
“Literatura, medios y mediadores”. Ed. CEDILIJ Córdoba, Argentina, 1999.
[viii] Publicado por primera vez en la colección La Lechuza de Ed.Librerias
Fausto, en los primeros días de 1976.
[ix] Para el Ministerio de Educación de la dictadura, “algunos de los cuentos-narraciones
incluidos en el mencionado libro, atentan directamente al hecho formativo
que debe presidir todo intento de comunicación, centrando su temática
en los aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo,
la propiedad privada y al principio de autoridad enfrentando grupos
sociales, raciale so económicos con base completamente materialista,
como también cuestionando la vida familiar, distorsas y giros de mal
gusto, la cual en vez de ayudar a construir, lleva a la destrucción
de los valores tradicionales de nuestra cultura”. (Resolución nº 480,
del 25 de mayo de 1979)
[xi] Itzcovich, Susana. Veinte años no e snada. La literatura y la cultura
para niños vista desde el periodismo. Colección Nuevos Caminos. Ed.
Colihue. Buenos Aires, Argentina, 1995.
[xii] Diaz Rönner, María Adelia Señales críticas de la crítica. 6º Congreso
Internacional de LIJ “Literatura, medios y mediadores”. Ed. CEDILIJ
Córdoba, Argentina, 1999.
[xiii] Editorial Huemul, quien la recomienda de los 7 años en adelante. Se
reeditaría en 1975.
[xiv] Editado por Eudecor.
[xv] Panorama de la Literatura Juvenil Argentina en 1984. Informe elaborado
en 1988 para “Contribuciones al estudio de la literatura infantil latinoamericana”,
de Francisco Delgado Santos. Coedición UNESCO-CERLALC y Secretaria de
Cultura del Ecuador, 1989.
[xvi] Profesora y licenciada
en Letras Modernas. Nació en Córdoba en 1947. Fundadora de CEDILIJ,
fue directora también de la revista Piedra Libre. Ha obtenido numerosas
distinciones por su obra, algunas de ellas otorgadas por la Biblioteca
Internacional de la Juventud (Munich, Alemania), ALIJA (IBBY-Argentina),
el CIELJ (Francia), Fundalectura (Colombia) y el Banco del Libro (Venezuela).
[xvii] Las citas sin referencia bibliográfica pertenecen a entrevistas realizadas
en la investigación.
[xix] Elizagaray, Alga Marina. Niños, autores y libros. Ed. Gente Nueva,
Cuba 1981.
[xx] Profesora en letras y especialista en LIJ. Ha publicado el ensayo
“Cara y cruz de la literatura infantil”. Ed. Libros del Quirquincho.
[xxi] Diaz Rönner, María Adelia Señales críticas de la crítica. 6º Congreso
Internacional de LIJ “Literatura, medios y mediadores”. Ed. CEDILIJ
Córdoba, Argentina, 1999.
[xxii] Ed. Colihue, Bs As 1996.
[xxiii] Canela nació en Italia en 1942 y su familia se instala en Argentina
cuando tiene 4 años de edad. Se desarrollaría más tarde como escritora.
Tras la apertura democrática y hasta el presente año, tuvo a su cargo
la dirección de las publicaciones infantiles de Editorial Sudamericana.
[xxiv] Los últimos dos años no sería en el Canal 10 de la Universidad, sino
en el Canal 12.
[xxv] Las canciones fueron compuestas junto a Horacio
Vaggione.
[xxvi] Con la responsabilidad de la puesta y la imagen, conformaba el equipo
quien poco después se convertiría en leyenda: el actor-arquitecto Jorge
Bonino.
[xxvii] Ilustrado por Oscar Rojas, Colección Los Caminadores, Ed. Sudamericana,
1997. Pero aproximadamente en el 64, este cuento y algunas canciones
fueron editadas en discos simples, secundando a Canela, en voces, Ana
Pelegrin.
[xxviii] Canal 10 de la Universidad Nacional. Premio Martín Fierro 1972. El
equipo estuvo integrado en diversos momentos, entre otros, por Alberto
Cebreiro, Horacio Acosta, Mary Blunno, Paco Giménez, Graciela Mengarelli,
Perla Suez y los músicos Nora Zaga, Delia Caffieri y Cacho Rud en la
composición de canciones.
[xxix] Obra de teatro realizada
con Claudina y Alberto Gambino. Premio “Teatro” del Diario Córdoba (1970)
y Premio Argentores a la Mejor Obra en su genero ´70/71. Puesta en el
café-concert “Portogalo”, inauguró en Córdoba la modalidad de vender
funciones a las escuelas.
[xxx] Entrevista al Grupo Pipirrulines. Periódico
La Voz del Interior, Córdoba, 23 de septiembre
de 1973.
[xxxi] Revista
“Síntesis de los SRT” nº 1. Servicios de Radio y Teledifusión de la
UNC, agosto 1972.
[xxxii] Nacida en Río Cuarto, Córdoba, en 1942, además de titiritera es autora
para retablo, teatro y guionista de TV, docente, cuentista y colaboradora
de la revista Billiken.
[xxxiii] Rito
nació en una obra del primer grupo formado por Reinaudi, El Gato Descalzo,
en 1972.
[xxxiv] Coincidente con el secuestro
de un reconocido periodista, hermano de Reinaudi.
[xxxv] De coautoria con Rolando Serrano. La obra se estrenó en mayo de 1986
en el Teatro Nacional Cervantes (Bs As) y fue publicada en la Colección
Telones y entretelones dirigida por Ruth Mehl, Ed. Libros del Quirquincho,
1988.
[xxxvi] Citada por Dora Pastoriza Etchebarne en “El cuento en la literatura
infantil”, Ed. Kapeluz, Buenos Aires, 1962.
[xxxvii] “Antología Infantil” y “Anrologia Juvenil”,
ambas editadas bajo
el cuidado de Gustavo Roldán, en 1964 y 1965.
[xxxviii] Prologo de “Antología Juvenil”. Ed. Instituto Córdoba, 1964.
[xxxix] Escritor y músico
cordobés radicado en México tras el exilio. Coordina talleres de escritura
con niños y adultos en Argentina, México y Estados Unidos. De esa labor
es especialmente significativo el libro artístico-metodológico “La X
mágica de México” (Altea-Libros del Rincón-SEP, 1999, sobre una experiencia
en el Museo de Antropología. Ha realizado obras de teatro, libros y
discos, siendo distinguido, entre otros, por ALIJA (1er Premio Poesía
Para niños, Argentina, 1995) y la Unión de Críticos
y Cronistas de México (Premio a la mejor obra teatral del año, 1984).
[xl] Correspondencia con M. Medina incluida en el cd-room “La Pisada del
Unicornio – Literatura y Canción Popular de Córdoba, Argentina, que
frente a la dictadura militar fue resistencia, testimonio, militancia
y memoria”. Escritura Por La Identidad / Teatro Por La Identidad / Abuelas
de Plaza de Mayo / Facultad de Lenguas de la Universidad nacional d
e Córdoba. 2003.
Suez
ha destinado la parte sustancial de su obra a las vivencias relacionadas
con la discriminación a los judíos y su éxodo moderno. Lujan, a su vez, de los escritores de mi conocimiento,
es uno de lo menos condescendientes.
[xlii] Continuaría creando
una metodología innovadora, que mezcla el recital con la producción:
El “Taller- concert”.
[xliii] Diaz Rönner, María Adelia Señales críticas de la crítica. 6º Congreso
Internacional de LIJ “Literatura, medios y mediadores”. Ed. CEDILIJ
Córdoba, Argentina, 1999.OTRA BIBLIOGRAFÍA
CONSULTADA -
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literatura infantil en América Latina (1980-1986). Red Latinoamericana
de Centros de Documentación de Literatura Infantil. Caracas, Venezuela,
1988. -
Bettolli, Cecilia. Caleidoscopio. En Revista Libre nº6.
CEDILIJ, 1989. -
Canela. El abrazo interminable: criterios,
responsabilidades y límites de un director de colección. Revista Piedra
Libre nº11. CEDILIJ. Agosto 1983. -
Diaz Rönner, María Adelia. Breve historia
de una pasión argentina: la literatura para niños. En revista La Mancha
nº 1, Bs As 1996. -
Gallelli, Graciela Rosa. Panorama de
la literatura infantil-juvenil argentina. Guia comentada de los últimos
30 años a partir de 1950. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires 1985.
-
Lujan, Jorge. El exilio y los niños.
Revista Piedra Libre nº 14. CEDILIJ. Córdoba, Argentina, 1995.
-
Medina, Pablo. Panorama de la literatura
infantil argentina. En “Panorama de la literatura infantil en América
Latina”. Edición especial Revista Parapara, a cargo de Verónica Uribe
y Marianne Delon. Banco del Libro, Caracas, Vebnezuela, 1984.
-
Moll, Citor y otros. Las lunas del teatro.
Los Hacedores del Teatro Independiente de Córdoba (1950-1990). Ediciones
del Boulevard, Córdoba 1996. -
Morandini, Norma. “Cordobesa”. Revista
Plural nº 13, Bs As 1989. -
Musitano, Adriana y Nora Zaga. Entrevista
a Laura Devetach. Inédito. Córdoba, 1988. -
Robledo, Lucía. La literatura, disciplina de
base para la formación de formadores. Trabajo presentado en el 6º Congreso
de LIJ “Literatura, medios y mediadores”. Villa Carlos Paz, Argentina,
1999. -
Robledo, Lucia. Prologo a “Oficio de
Palabrera”, de L. Devetcah. Ed. Colihue, Bs
As 1996. -
Rodríguez, Antonio Orlando. Panorama
Histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe. Serie
profesional del libro y la edición nº 8. CERLALC. Bogotá, Colombia,
1994. -
Serrano, María de los Angeles. Primeras
voces, primeros pasos. En revista La Mancha nº 2. Buenos Aires, 1996.
-
Shua, Ana María. Libros prohibidos.
Ed. Sudamericana, Argentina 2003. -
Shua, Ana María. Literatura infantil
argentina. Panorama desde El Puente. En revista La Mancha nº 1. Buenos
Aires, 1996. -
Subero, Efrain. Literatura juvenil latinoamericana-Consideraciones
teoricas. Ed. Universidad Simón Bolivar. Venezuela, 1979 -
Torres de Olmos, Marta. Aportes para
una historia de la literatura infantil de Córdoba. Década del 80. Inédito..ENTREVISTADOSCecilia
Bettolli, Lucia Robledo, Maria Luisa Cresta de Leguizamón, Laura Devetach,
Gigliola Zechin (Canela), Silvina Reinaudi, Jorge Lujan, Nora Zaga.RECONOCIMIENTOA
los aportes de Florencia Ortiz.
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